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En este post del blog queremos explicar un poco qué es una contractura, cómo se puede prevenir y qué técnicas utilizamos para eliminarlas. Tipos de Contracturas Existen dos tipos de contracturas musculares: aquellas que aparecen cuando se está realizando un ejercicio y las que se presentan con posterioridad al esfuerzo. Las del primer tipo se deben a la acumulación de productos metabólicos en el interior del tejido muscular. Por medio del flujo sanguíneo se oxigenan y alimentan los músculos, y se eliminan las sustancias tóxicas resultantes. Cuando se realiza un movimiento
intenso e inesperado ocurre que, por un lado, los vasos sanguíneos no están desarrollados o dilatados lo suficiente como para poder nutrir el músculo que trabaja y, por otro, son insuficientes para limpiar las fibras musculares de los desechos tóxicos que producen; cuando se liberan estos elementos tóxicos provocan, al propio tiempo, dolor y contracturas en el músculo afectado. Otra forma también frecuente de contractura es la del segundo tipo, que aparece después del ejercicio físico, espasmo muscular prolongado (por ejemplo provocado por estrés, tensión o malas posturas) por lo general provocado porque alguna de las fibras musculares ha sido distendida o sometida a un trabajo excesivo. La inflamación produce adherencias entre tejidos, que en condiciones normales se deslizan con facilidad el uno sobre el otro. Estas adherencias no permiten el libre movimiento de los músculos afectados y causan rigidez y dolor en grado variable.
Para prevenir las contracturas es aconsejable practicar ejercicio moderado desde la juventud. También es recomendable realizar un calentamiento previo a cualquier actividad deportiva y un enfriamiento posterior a ella, tiempo durante el que se reduce de forma gradual la actividad antes de darla por finalizada.
El reposo y el calor pueden ser suficientes para prevenir el desarrollo de una contractura muscular. Reposar un musculo alivia la tensión acumulada mientras que el calor, debido a su naturaleza de relajante muscular natural, ayuda a disminuir el espasmo, y por su efecto de vasodilatador, ayuda a eliminar toxinas de los tejidos musculares. En fisioterapia se recomiendan sesiones periódicas cada 4-6 semanas que evitan así la formación de contracturas musculares.
El tratamiento
Está cada vez más demostrado que el tratamiento de una contractura por antiinflamatorios y relajantes musculares no da los efectos deseados ya que las moléculas no son específicas para el musculo afectado.
Uno de los elementos más útiles en los casos de contracturas son los masajes terapéuticos, ya que facilitan la recuperación de la movilidad y ayudan a aliviar el dolor. El masaje actúa de dos formas: en primer lugar evita que se formen adherencias en el foco inflamatorio y puede eliminar las de formación reciente; en segundo lugar, la fricción que proporciona el masaje aumenta el flujo sanguíneo, lo que favorece y acelera la reparación de los tejidos.
La aplicación del masaje debe realizarse de forma gradual y con suficiente intensidad para friccionar los tejidos musculares. Siempre viene bien incluir dentro del tratamiento un estiramiento apropiado de los tejidos afectados. Para un buen tratamiento de una contractura aguda se recomiendan normalmente entre dos y cuatro sesiones, con un mínimo de tres días entre las sesiones.
¿Para que engañarnos? Las contracturas no se eliminan con ningún aparato de electroterapia o cualquier otro aparato novedoso que promete milagros. A día de hoy, estamos todavía a la espera de algo parecido y mientras tanto, tiene que ser la labor de un fisioterapeuta que ofrece un tratamiento global, combinando las técnicas que cada caso necesita.
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